El silencio también mata: mil personas desaparecidas en el mar y una Europa que mira hacia otro lado

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patera mil muertos en el mediterráneo

En estos días se habla de muchas cosas. Se llenan titulares, tertulias y debates con asuntos que parecen urgentes. Sin embargo, una tragedia de dimensiones enormes está ocurriendo prácticamente en silencio: hasta mil personas migrantes podrían haber muerto o desaparecido en el Mediterráneo central tras el paso del ciclón Harry, según denuncian organizaciones humanitarias.

Mil personas.
Mil vidas.
Mil historias que no veremos en portada.

Una tragedia que no aparece (lo suficiente)

Los datos oficiales hablan de unas 380 personas desaparecidas tras varios naufragios ocurridos durante el temporal. Pero organizaciones que trabajan sobre el terreno, como Refugees in Libya y Mediterranea Saving Humans, alertan de que al menos 29 embarcaciones salieron desde la costa tunecina durante esos días y que solo dos habrían logrado llegar a tierra o ser localizadas.

El resto, simplemente, desapareció en el mar.

No hablamos de cifras abstractas. Hablamos de personas que huían de la violencia, del hambre, de la persecución o de la miseria; personas empujadas a rutas cada vez más peligrosas por unas políticas migratorias europeas que priorizan la contención sobre la vida.

El silencio no es casual

Que esta tragedia no esté ocupando un lugar central en el debate público no es un despiste, es una consecuencia directa de cómo se ha construido el relato migratorio en Europa.

Cuando las muertes ocurren:

  • lejos de las costas europeas,
  • sin imágenes que incomoden,
  • en aguas “externas” a la responsabilidad directa de los Estados,

entonces el silencio se vuelve políticamente cómodo.

Medios españoles como El País han abordado estos hechos dentro de análisis más amplios sobre migración y políticas europeas, pero no ha existido una reacción proporcional a la magnitud de lo ocurrido. No ha habido declaraciones contundentes, ni comparecencias urgentes, ni un duelo público a la altura de lo sucedido.

¿Cuántas muertes hacen falta?

La pregunta es incómoda, pero necesaria:
¿cuántas personas tienen que morir para que esto sea tratado como una emergencia humanitaria real?

El Mediterráneo se ha convertido en una frontera letal normalizada. Y esa normalización es peligrosa, porque deshumaniza. Porque convierte la muerte en estadística. Porque anestesia la conciencia colectiva.

No estamos ante una catástrofe natural inevitable. Estamos ante el resultado de decisiones políticas, de acuerdos con países que no garantizan derechos humanos, de la criminalización del rescate y del abandono deliberado de personas en tránsito.

Nombrar el silencio es una forma de resistencia

Escribo esto desde la indignación, sí.
Pero también desde la responsabilidad.

Porque callar ante mil muertes no es neutralidad.
Es complicidad pasiva.
Es aceptar que hay vidas que valen menos.

Hablar de ello, escribirlo, compartirlo, es una forma mínima pero necesaria de resistencia frente a un sistema que ha decidido mirar hacia otro lado.

Que no nos acostumbremos.
Que no lo normalicemos.
Que no aceptemos que el mar siga siendo una fosa común invisible.

Scilla Tamburini IU Vélez – Málaga

Palabras clave

migración, Mediterráneo, tragedia humanitaria, ciclón Harry, personas migrantes, naufragios, políticas migratorias, Europa, derechos humanos, silencio mediático

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