Por qué IU Vélez-Málaga no participó en la concentración por Ceuta

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Desde IU Vélez-Málaga queremos explicar por qué decidimos no participar en la concentración convocada en apoyo a Ceuta y, sobre todo, qué modelo de solidaridad defendemos ante una crisis que no puede convertirse en combustible para el miedo, la xenofobia y la radicalización política.

La situación que vive Ceuta es grave. Nadie debería minimizarla.

Una crisis de estas dimensiones afecta a la convivencia, tensiona los servicios públicos y exige una respuesta coordinada del Estado y del conjunto de las comunidades autónomas. También exige esclarecer qué ha ocurrido en la frontera, analizar el papel desempeñado por Marruecos y depurar las responsabilidades políticas que correspondan.

Pero precisamente porque consideramos que la situación es grave, desde IU Vélez-Málaga decidimos no participar en las concentraciones convocadas el pasado 2 de septiembre.

No fue una decisión contra Ceuta.

Fue una decisión sobre cómo queremos defender Ceuta.

La solidaridad con Ceuta no puede convertirse en propaganda política

Nuestra posición coincide con la expresada públicamente por Izquierda Unida Andalucía antes incluso de celebrarse las manifestaciones.

El coordinador andaluz de IU, Toni Valero, denunció el 27 de agosto lo que su organización consideraba una utilización partidista de las movilizaciones por parte de PP y Vox y anunció que IU no participaría en ellas «en los términos en los que han sido convocadas».

IU Andalucía defendía, frente a esa estrategia, cooperación entre administraciones, solidaridad territorial, protección de los menores y respeto a los derechos humanos. (Europa Press)

Posteriormente, Izquierda Unida presentó una moción para los ayuntamientos planteando lo que denomina una «verdadera solidaridad con el conjunto del pueblo de Ceuta» y rechazando expresamente tanto la utilización de las personas migrantes como instrumento de presión geopolítica como su conversión en chivo expiatorio de la crisis. (Izquierda Unida)

Esta diferencia es fundamental.

Se puede defender Ceuta sin señalar al migrante. Se puede defender la soberanía española sin alimentar la xenofobia. Y se puede exigir responsabilidades al Gobierno sin convertir una crisis humanitaria en una batalla entre patriotas y traidores.

¿Qué propone Por Andalucía?

Frente a quienes puedan interpretar nuestra ausencia como una falta de solidaridad, conviene explicar qué está defendiendo Por Andalucía.

El grupo parlamentario registró el 2 de septiembre una proposición de ley en el Parlamento andaluz para que la Junta de Andalucía participe en la recepción de personas migrantes, tanto adultas como menores, que puedan ser trasladadas desde Ceuta a la península.

Su planteamiento parte de una idea sencilla: si realmente queremos ayudar a Ceuta, no podemos exigir que Ceuta soporte sola toda la presión de esta emergencia.

Por Andalucía reclama corresponsabilidad entre territorios, recursos para la acogida y protección de los menores y una respuesta coordinada de las instituciones. También ha puesto sobre la mesa la tragedia humana que representa la muerte de 145 personas intentando cruzar la frontera. (Europa Press)

Esta es nuestra manera de entender la solidaridad.

No mediante una competición de banderas, sino ofreciendo soluciones.

No estamos defendiendo acríticamente al Gobierno de Sánchez

También queremos dejar esto muy claro.

Rechazar el discurso de la extrema derecha no significa justificar cualquier actuación del Gobierno de España.

Izquierda Unida está reclamando explicaciones sobre la gestión de la crisis y sobre las informaciones relativas al papel de Marruecos.

Antonio Maíllo ha señalado que considera evidente algún grado de implicación marroquí en la crisis y ha exigido responsabilidades por el informe policial sobre Ceuta. IU ha planteado incluso que, si el ministro del Interior conocía dicho informe, debería asumir responsabilidades políticas; y Maíllo ha criticado posteriormente la gestión de la información dentro de Interior. (El País)

Por tanto, no aceptamos esa falsa disyuntiva según la cual solo existen dos posiciones posibles: apoyar sin reservas al Gobierno o sumarse al discurso de PP y Vox.

Nuestra posición es otra: derechos humanos, soberanía, transparencia, responsabilidades políticas y solidaridad entre territorios.

Lo ocurrido en algunas manifestaciones confirma nuestra preocupación

También debemos hablar de lo sucedido el 2 de septiembre.

Sería injusto y falso afirmar que todas las personas que participaron en las concentraciones eran de extrema derecha. Miles de ciudadanos acudieron seguramente movidos por una preocupación sincera por la situación de Ceuta.

No cuestionamos a esas personas.

Lo que denunciamos es el marco político que se estaba construyendo alrededor de las movilizaciones y el espacio que encontraron dentro de él determinados grupos extremistas.

En Madrid, la protesta terminó con incidentes protagonizados por grupos ultras, cargas policiales y lanzamiento de objetos. El balance fue de cuatro personas detenidas y cuatro agentes de Policía heridos. (euronews)

Pero hubo otro hecho especialmente preocupante.

Periodistas agredidos por hacer su trabajo

Durante la concentración convocada por Núcleo Nacional frente al Congreso de los Diputados se produjeron ataques contra profesionales de la información.

elDiario.es documentó que periodistas fueron increpados mientras trabajaban y que un equipo de RTVE recibió empujones y golpes hasta el punto de tener que abandonar la concentración. (elDiario.es)

Los incidentes no son un detalle anecdótico.

Cuando en una movilización política el periodista empieza a ser considerado enemigo, debemos preguntarnos qué está ocurriendo con nuestra cultura democrática.

Porque la libertad de prensa no consiste en respetar únicamente al periodista que dice aquello que queremos escuchar.

La libertad de prensa existe precisamente para garantizar que un profesional pueda informar sin ser amenazado, insultado o agredido.

De «invasión» y «traición» al enemigo interno

Aquí llegamos a una cuestión que nos preocupa especialmente desde IU Vélez-Málaga.

Las palabras importan.

Durante estas semanas se han repetido conceptos como «invasión», «traición», «enemigo» o «traidor» para describir una situación extremadamente compleja.

No se trata simplemente de vocabulario. Es una manera de construir el relato político. Primero se presenta una crisis compleja como una amenaza existencial, después se identifica un culpable fácilmente reconocible: el migrante,a continuación aparece otro culpable: quien supuestamente permite que ese migrante llegue, después puede aparecer un tercero: el periodista que cuestiona ese relato.

Y finalmente, cualquiera que no comparta esa interpretación puede terminar siendo presentado como alguien que está contra España.

Ese mecanismo es extraordinariamente peligroso.

El miedo es uno de los combustibles de la extrema derecha

La extrema derecha necesita simplificar problemas complejos.

Las migraciones internacionales, las relaciones diplomáticas con Marruecos, el control de las fronteras, el derecho de asilo, la protección de menores o la distribución de competencias entre administraciones son cuestiones extraordinariamente difíciles.

Pero el extremismo ofrece respuestas aparentemente sencillas:

hay un enemigo y hay que combatirlo.

Es mucho más fácil movilizar políticamente desde el miedo que explicar una realidad compleja.

Y cuando una sociedad empieza a aceptar que determinados colectivos son responsables de sus problemas, el siguiente paso resulta cada vez más sencillo: normalizar que esos colectivos merecen menos derechos.

Por eso nos preocupa profundamente la utilización de la palabra «invasión» para hablar indiscriminadamente de personas migrantes.

No porque neguemos que España tenga derecho a controlar sus fronteras.

Por supuesto que lo tiene.

Pero una persona que cruza una frontera irregularmente no deja de ser una persona. Puede encontrarse en situación administrativa irregular, puede tener que ser devuelta si así lo determina la legislación aplicable o puede tener derecho a solicitar protección internacional. Lo que no podemos hacer es deshumanizarla.

145 personas han muerto. No podemos olvidarlo

En medio de la batalla política hay un dato que debería obligarnos a todos a reflexionar.

145 personas han perdido la vida intentando atravesar la frontera durante esta crisis, según recoge la moción impulsada por Izquierda Unida. (Izquierda Unida)

Podemos discutir sobre fronteras, podemos discutir sobre política migratoria, podemos discutir sobre Marruecos, podemos discutir sobre las decisiones del Gobierno, pero no deberíamos acostumbrarnos a que seres humanos mueran en nuestras fronteras y convertir esas muertes en una estadística secundaria dentro de una batalla partidista.

Defender los derechos humanos no significa defender fronteras abiertas ni renunciar al cumplimiento de las leyes.

Significa algo mucho más elemental: entender que la dignidad humana no desaparece al cruzar una frontera.

Los menores no son «MENAS»: son niños y niñas

Hay otro elemento que nos preocupa especialmente: la utilización política de los menores extranjeros no acompañados.

La palabra «MENA» ha acabado convirtiéndose en determinados discursos en una etiqueta que despersonaliza.

Pero detrás de esas cuatro letras hay menores.

Niños y adolescentes.

IU ha defendido que Ceuta no puede asumir en solitario su protección y que todas las comunidades autónomas deben participar de manera estable y solidaria en la acogida. (Europa Press), Por Andalucía ha trasladado esta misma posición al Parlamento andaluz. (Europa Press)

Para nosotros esta sí es una forma concreta de apoyar a Ceuta.

Defender Ceuta también significa aliviar la presión sobre Ceuta

Existe además una contradicción que merece ser señalada.

No parece coherente proclamar solidaridad con Ceuta y, al mismo tiempo, rechazar que otros territorios colaboren en la acogida de personas y menores. Si miles de personas permanecen concentradas en una ciudad con recursos limitados, aumentará inevitablemente la presión sobre los servicios públicos y la convivencia.

Trasladar parte de esa responsabilidad al conjunto del Estado no perjudica a Ceuta. La ayuda.

Ese es precisamente uno de los principios que IU plantea en su moción: corresponsabilidad territorial y mecanismos permanentes de acogida y protección. (Izquierda Unida)

No permitamos que una crisis se convierta en una oportunidad para el fanatismo

La historia europea debería habernos enseñado algo: las democracias también se deterioran desde dentro.

No sucede necesariamente de un día para otro, sucede cuando empezamos a aceptar como normal el odio hacia determinados colectivos, cuando consideramos al adversario político un enemigo, cuando un periodista puede ser agredido porque no nos gusta el medio para el que trabaja, cuando el miedo sustituye al debate, cuando alguien decide quién es suficientemente español y quién no, cuando los problemas sociales dejan de tener causas complejas porque resulta mucho más rentable encontrar un culpable y por eso debemos ser extremadamente cuidadosos cuando atravesamos momentos de crisis.

Las crisis son precisamente el terreno donde el extremismo intenta crecer.

Por eso IU Vélez-Málaga no estuvo allí

Nuestra ausencia de las concentraciones del 2 de septiembre no fue una ausencia de solidaridad.

Fue una posición política consciente.

Estamos con Ceuta y con sus vecinos y vecinas.

Estamos con quienes están soportando las consecuencias de esta crisis.

Queremos que se investigue el papel de Marruecos.

Queremos que se esclarezca qué sabía el Gobierno y cuándo lo sabía.

Queremos que se depuren responsabilidades si se cometieron errores.

Queremos fronteras gestionadas con eficacia y dentro de la legalidad.

Pero también queremos que España siga siendo una democracia en la que los derechos humanos no dependan de la nacionalidad, los periodistas puedan trabajar sin miedo y ningún niño sea convertido en arma electoral.

Y nos negamos a aceptar que para defender España tengamos que odiar a alguien.

Solidaridad sí. Odio no.

Defender Ceuta significa aportar recursos.

Significa cooperación entre administraciones.

Significa corresponsabilidad entre comunidades autónomas.

Significa exigir responsabilidades al Gobierno cuando corresponda.

Significa firmeza ante Marruecos si se demuestra que ha utilizado la migración como instrumento de presión.

Significa proteger nuestras fronteras respetando la legalidad.

Y significa también defender la vida, los derechos humanos y nuestra democracia frente a quienes pretenden utilizar una crisis para extender el miedo y convertirlo en odio.

Desde IU Vélez-Málaga elegimos ese camino.

Porque la solidaridad con Ceuta y la defensa de los derechos humanos no son posiciones incompatibles.

Son, precisamente, la misma defensa de la democracia.

Scilla Tamburini IU Vélez – Málaga

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